Los talleres de la historia

Clltura funeraria y educacion.

MARCO TEORICO REFERENCIAL EN EDUCACIÓN.

El taller hace al maestro porque las ciencias sociales en virtud de quien la practica han creado habito por escribir.

Mtro. Sergio Alejandro López Meza

ISIDM

La cultura funeraria es un topico relativamente novedoso en la educacion mexicana. Quizas date del siglo XX en su modalidad formal. En la epoca prehispanica la muerte educativa u oficial no existia fuera de los codices. En todo caso al ajeno a esos procederes se le sometia a una induccion "de facto" por razones logicas o estamentales. Si se nos educa para vivir tambien tenemos que aprender a morir porque quizas el tiempo humano depende de esa abstraccion para volverse concreto como una disertacion, exposicion o peripecia. El hombre regulado como un cronometro ha perdido el sentido de lo horizontal y cambiado su vertice iniciatico de cara al nomadismo en una idolatria sin atributos ni gramatica hiper estructurada. La muerte virtual ocupa ahora el lugar del desterrado y aportata urbano. La educacion publica tiene como fin dar cuenta de ello asi como relatar complementariamente de cara a la construccion y consolidacion de objetos sustentables en antropologia de la escritura. Desde hace 8000 a.c. de los sumerios a los modernos sumerios la historia escrita perece en el olvido. Quizas por ello el cambio civilizatorio de lo figurativo a lo abstracto no pudo dejarles incolumnes dentro y fuera de sus Eudebas. ¿Qué tiene de escrita esa cultura funeraria o epigramatica? La osamenta quizas y como tal se afianza como objeto educativo en el lenguaje. ¿Seremos capaces los mexicanos de reprogramar un simple código que tiene la forma de una goma de mascar para comprendernos tres veces y menos una?

No hay una teoría claramente definida en torno a lo educativo en sus variadas relaciones con la Historia. Durante el siglo anterior hubo diferentes esfuerzos y trabajos desde la perspectiva del materialismo histórico y la educación Critica en los cuales se buscó establecer puntos de soporte acerca de la capitalización de la educación mediante el conocimiento histórico. Destacan los aportes de Marx (1990), Gramsci (1990) y Mezzogiorno (1990) además de Adorno (1990). McLaren (1990), Ponce (1990) y Díaz (1990), García (1990), Martínez (1990). Estos autores han significado en este trabajo una especie de bloque histórico educativo que tiene el fin de contrastar y agotar la lectura dialógica con los autores en busca del significado que tiene leer y escribir Historia, es decir, editarla. ¿Con ello tenemos que esta o no en la actividad o recurso didáctico el alumno mientras transcurre la historia áulica, es decir esta en clase? O bien, ¿Dónde están las clases cuando no están en clase? La historia transcurriría entre estratos; a través de un sedimento subalterno al legítimo, aunque formal en algún modo con lo cual hay memoria informativa que activar y resguardar. Como se ha logrado interferir, la intención es muy importante al momento de educar por lo que las malas sin “truco” no inducen a un mejor aprendizaje. Entiéndase, un pequeño oficio de aprender. Durante clase a veces el actor se comporta como si hubiese una especie de punto iniciático para comenzar la experiencia educativa o bien le recuperara de algún lugar. Teóricamente hablando no existe tal punto ni a nivel crítico ni intelectivo; tan sólo como un dato a evaluar en el aula como otros y como tal, historiográfico. En pocas palabras de existir ese punto externo al tiempo de la clase los alumnos no le construirían como plataforma enunciativa en la clase de historia sino en otras subalternas porque entre niveles, periodicidades y cronologías la línea del placer y displacer lleva a la excelencia adjunta en pocas palabras el monumento al conocimiento. Sin embargo, esto aún no ha sido democracia. Por tanto, merece tal calificativo aquel acto educativo o documento en el aula que no rebasa los límites de la materia viva y es susceptible de dejar testimonio por sí mismo lo cual quiere decir posee una alfabetización o formación historiográfica semi calificada. En todo caso, acerca de ello quien suscribe y sus fuentes han sido rebasados porque su materialización ha transitado de la abstracción social a una concreción educativa significativa que prolonga un logo centrismo que ha cedido una de sus jerarquías por una distensión de su permanencia estructural. Entrando en materia práctica se concluye en referencia a esos autores que la edición en bloque asemeja a la construcción de una pagina web. El orden y secuencia de los bloques determina el estilo y la clase y calidad de información. En modo subalterno o paralelo, significamos un tipo de fuente cada vez que le reusamos como apoyo hasta lograr su consolidación como plantilla. Esto ocurre como si jugásemos una partida de cartas o armásemos un puzle con mas de cinco mil piezas. Es pertinente decir aquí que lo simple o fácil de esta última actividad u operación hace el aprendizaje de la historia más complejo de lo supuesto o pensado; quizás porque por lo común dos cabezas piensan más que una en estos tiempos posmodernos. Al parecer Vygotsky (1990) aún permanece con su potente propuesta empírico critica con respecto a lenguajes alternativos o subterráneos a una imagen aglutinante como puede ser la científica o literaria. Su análisis en bloques es proporcional a la materia y estrategias o pautas educativas por ponderar, así como su continuación homologable. En pocas palabras, los autores aquí descritos hasta este momento han dejado experiencia escrita y como tal es pertinente reconvertirla a imagen histórica significativa. No hay documento de época que no la tenga en algún modo según las ideas del maestro soviético.

Las peripecias en torno a la cultura escolar extraordinaria subyacen ahora en otra narración alternativa en relación al dato escolar positivado y como tal aun es cultura a nivel antropológico porque el sujeto al diferenciar unos ritos en referencia a otros activa en algún modo su bagaje intelectual, así como pone en jaque sus experiencias anteriores en un pretendido modo significativo que se superponga a los que otros actores refieren. Esto significa tener cuidado de dos cosas; la primera, en el aula la precaución es imperativa por principio convencional; la segunda, el cuidado carece de una historicidad fuera de las aulas y como tal se compondría solamente de fragmentos o bloques dispersos de información deslocalizada. Esto también significa que, de acuerdo con Elsie Rockwell (2002) la historia bien dirigida, mejor dicho “amaestrada” tendría una mayor oportunidad en referencia a otros relatos de permanecer en la cognición de los alumnos debido a que factores como la amistad, la belleza y el duelo aun causan controversia entre los escolares. Ha sido duro desde el punto de vista etnográfico, ser consciente de como una pequeña palabra que lucha por sobrevivir se abre paso cada día entre el mare magnum de los relatos escolares cada vez mas competitivos y clasificados por propios y expertos al entorno educativo. No obstante, esto no es ninguna grabación de comida familiar. El mundo educativo es competitivo por naturaleza propia, sostengo. Quienes le intentamos historiar solamente tenemos un ángulo de visión para lograr lo que queremos y después partir a otros horizontes imaginarios. A menos de considerar nuevamente nuestro punto de apoyo y cuadro para descripción, el tiempo histórico educativo fluirá de manera mas apresurada que lo que un rotativo nos pudiese sugerir en virtud de leer y escribir historicidad. La permanencia en el oficio es dura y complicada, aunque tiene el aliciente de comprender mejor algo tan antiguo como un índice para maniobra voluntaria.

A ciencia cierta, aun es complicado conocer por qué permanece en esas subjetividades la partícula historicidad cuando todo parece que le está destinado un olvido inminente a no ser por la fotografía generacional y sus anécdotas de traspatio como sucedía en el Calmécac y Tepochcalli mexicas[1]. A su vez, las condiciones de escolaridad le son adversas cada vez que se trueca por algo inferior a su valor. La economía educativa aquí es un potente aliado tanto a nivel intra como extra escolar debido a que las estrategias que emplea el alumno para abrirse paso en el mundo educativo casi siempre son monopolizadas por el Estado. No sucede así en el mundo laboral donde la competencia seria un poco mas “equitativa” en el terreno de la innovación y el diseño de semi conductores por citar un ejemplo. Entre aulas los alumnos valoran la utilidad de la historia porque ésta se objetiva en modo material casi inmediatamente por pasmoso que pudiese parecer en virtud de haber compilado un brevísimo tiempo excedente de tiempo narrable.

Los inicios o comienzos de lo educativo como se habrá conocido son tan diversificados y variados de comunidad a región y entidad política que hacen difícil fijar de antemano, así como en el trabajo en curso un solo punto de inflexión general. Quizás esto justifique la etnografía educativa aquí presente comprendida como marco o contexto significativo, aunque irreductible al dato histórico, es decir, su cronología.

En resumidas cuentas, la iniciación al arcano educativo tiene su ceremonia inapelable como sucede en cualquier institución que se digne referirse como oficial. La intensidad y calidad del rito es proporcional al poder o fuerza (iniciación) del maestro y alumno en proporción a variables antropológicas como antepasados genealógicos; religión y cultura; dicho en otro modo, arte, magia y estamento educativo (¿ciencia?) transmisibles, aunque no reductibles a un dato seriado o secuencial. Al relatar los contenidos de la historia se editan en modo inteligente según la lógica de pares antitéticos complementarios. Al activarse el cerebro primitivo por incidencia del lenguaje activo, su exposición multivariada y estimulo eléctrico el significado tendría un mejor destino o fin en forma de dato inmediato. Para prolongarlo es necesario resguardarlo en un ambiente o contexto idóneo para su perpetuación de acuerdo con un principio previamente estipulado por Ramón y Cajal[2]. El aprendizaje sucede cuando el esfuerzo llega a su límite cognitivo o umbral; el esfuerzo doble no es necesario ni tampoco una vuelta de rueca al mismo procedimiento. La imagen matricial o más antigua[3] permanece casi inamovible lo cual se registra o toma como dato asertivo; no sucede lo mismo cuando cambia de posición o interrelación negativa o no asertiva. El cerebro histórico suele ser un chico obediente, aunque no necesariamente dócil. Le agrada el disfraz como al sabio extra muros. Al respecto, el auge neurológico-clínico en su vertiente educativa aún no ha terminado.

Habría una explicación “antropológica” acerca de por qué sucede esto. Quizás porque entre las hembras del Homo Sapiens lo antiguo denota permanencia o ductilidad; ello seria una connotación de una muerte tecnificada que se presenta como vida, aunque sin cuestionarse a si misma como objeto existencial u ontológico. La iniciación a la epistemogénesis es a su vez una iniciación a la cronogénesis, aunque con rayos de luz que provienen de lo arcano y palabras. Al ser consciente que la vida se encuentra donde siempre o bien paralelamente al lugar donde se ha muerto anteriormente la finitud se hace presente o bien la temporiedad. El muerto deja herramientas que el vivo retoma en modo gramatical postulado educativo simple. Aquí debemos volver a la lectura de Vere Gordon y cambiar unas fuentes por otras para que ese relato permanezca con su antifaz de problema. De los Presocráticos a Nietzsche esteta, al Heidegger docente idolátrico y hasta Foucault[4] relator de monumentos didácticos este problema ha permanecido irresoluble. Una hipotética vuelta al planteamiento de ese problema potenciaría el aprendizaje de la historia y de las cosas de la vida epigramática, es decir, activación y permanencia acaso de la gramática de la vida como fue hace tiempo.

Se sugiere que la información de índole etnográfica aquí vertida posee un silencio intrínseco insondable para los no iniciados. Es labor del oficialismo estatal dar cuenta de ello tanto como el explorador de subjetividades áulicas y “hacedores” de discursos limítrofes, aunque en modo aliado. Quizás el marco contextual en educación aquí no sea más que una simple variable abierta al progreso, aunque como mito es potencialmente funcional a razón de estimular la “teoría en el relato” o “teoría relatada” por que a final de cuentas quien conoce los secretos del inframundo educativo conoce un sendero para salir avante de las penumbras contemporáneas. La Historia educativa, su historicidad no son un juego, aunque es posible convertir la información en una didáctica amena y significativa para tomar mejores decisiones en la vida presente. En virtud de que el modo en que trabajamos altera nuestro modo de aprender cosas y maniobras porque la tecnologia en las ciencias sociales y su educacion cada vez avanzan a ritmos insospechados y como tales requieren regulacion, hipoteticamente no todos los mexicanos tendriamos habilidades para comprender contenidos historicos aunque todos es posible que participemos de ello. Condicionan nuestro acceso al saber nuestros prejuicios; nuestras virtudes incluso y hasta nuestra genealogia. Afortunadamente, la democracia educativa es una institucion validada con calidad y prospectivas optimistas a futuro. Cambiar de hábitos es una buena estrategia para continuar enterándose del dia a dia.

Una vez que se han acotado algunos de esos autores en la bibliografía es necesario decir que la Teoría materialista mexicana desde hace casi un siglo ha carecido de un aporte universal con respecto al tema. Quizás porque, por una parte, los historiadores extruidos de las ciencias sociales hacia la Historia han cuestionado si es posible consolidar una teoría en bloques que tenga como punto de partida la “historización” de cada uno de los aportes aquí vertidos. Esto significa que la fuerza o poder aglutinante de cada uno de ellos aun reside en el relato o bien discurso; esto es, lenguaje. Su especialización varia como se ha relatado, entre estrategias que van desde la mitificación de un objeto hiper concreto a la consolidación de un caudal de especulaciones sumarias. Objetos educativos con merito y cuño propio para ser partículas de relato cuanto antes mejor a decir por chamanismo educativo mexicano; del iniciado en los arcanos educativos Benítez hasta el maestro Castañeda pasando por Ruy Pérez[5] y la maestra Isabel Durán. Quizás la función o misión profiláctica de la educación o bien expurgatoria no hay cambiado mucho desde que el hombre de las cavernas encontró las primeras alabanzas y danzas al sol en forma de tiempo.

 



[1] De acuerdo con Linda Manzanilla et al (2009: p.568) sería el grupo el que hace el maestro y no necesariamente a la inversa una vez que se ha logrado “saber” cuál/qué clase o tipo de profesor antecede a sus preguntas. De acuerdo con la secuencia literaria, durante el curso emerge o nace una especie de “teoría de facto” a nivel episódico la cual muta durante cada evaluación “a criterio del profe”. Ese rito iniciático ha sido poco explotado desde el punto de vista arqueológico quizá porque no todos los docentes y alumnos comprendemos el significado del “baile para brujas” (de muerte) anual. Esto significaría que, en la práctica, el subsuelo o yacimiento lingüístico primario adquiere forma de relato alterno o adjunto al legitimo o formal con lo cual la idolatría, objetivación y totalización del objeto educativo se vuelven sedimentarias y creciendo entre lo material y lo no material. El inframundo de Teotihuacan. El Colegio Nacional. México.2009.

[2] Los sedimentos de la memoria tienen su lógica constructiva jerárquica básicamente según el modelo de alumno y materia de lo cual en la bibliografía COMIE se encuentran algunos documentos. Los temas relacionados a “neuroeducación” de acuerdo a lo estipulado por: https://www.senc.es/introduccion-historica-a-la-neurociencia. Además de ello el documento permanente editado por la UNAM ubicado en: https://www.facmed.unam.mx/Libro-NeuroFisio/Historia/Historia.html.

[3] Martínez, José Luis (1976). El mundo antiguo. Secretaria de Educación Publica. México,

[4] Foucault, Michel (1986). Las palabras y las cosas. Siglo XXI. México. Específicamente los umbrales episódicos entre literaturas, narrativas y textos.

[5] Pérez, Ruy (1992). De la magia primitiva a la medicina moderna. Fondo de Cultura Económica. México.


Comentarios

Entradas populares de este blog