Procesos de aprendizaje en la historicidad de la educación.

Mtro. Sergio Alejandro Lopez Meza

ISIDM

    Los procesos educativos se basan en la adscripción; permanencia y desenlace de una relación con un objeto o una conmoción de sujetos sociales. A veces sucede que lo social se convierte en domesticación a nivel antropológico una vez que ha habido un excedente discursivo beneficioso para una porción de conocimiento. Desafortunadamente no se tiene otro paralelismo para medir el hecho educativo común más que aquel que significa la mecánica simple; quizás por razones de economía. El determinismo económico educativo aún nos traza la ruta del éxito escolar y es de pensarse que a menos sea posible variar el "bloque teórico" al respecto la determinación quizás no se encuentre bien regulada, es decir, competentemente. Según esas ideas existe aquella materia redituable política y económicamente solamente en virtud de una igualdad o desigualdad. La edificación de si mismo como materia domestica no existiría para esa visión del mundo y educativa al margen de la critica social puesto que habría un paralelismo entre historia y economía. Vere Gordon (2002) ha escrito ideas concretas al respecto en modo histórico entre revulsivos y revoluciones. En algún momento quizás sea necesario ulteriormente revistar los artefactos literarios expuestos en la clase y modificar el modo técnico por el narrativo vigente paralelamente al cuadro pretérito-pasado y revulsivo-revolución o bien, curso y recurso además del que el participante virtualiza en su futura edición historiografico. Es necesario continuar.

Aun cuando la historia sea definida como líneas del tiempo, ejes cronológicos o fuentes dispersas que necesitan unificación parcial las cuales incluyen acontecimientos, eventos o procesos, independientemente de la interpretación que de ella tenga el participante la secretaria de Educación Pública define un concepto[1] en referencia a ello en base a la práctica de la investigación educativa. En este modo, el pensamiento crítico se concibe como un proceso cognitivo complejo que implica analizar, evaluar y reconstruir la información disponible para formular juicios fundamentados. Su desarrollo en el nivel básico y en el bachillerato es fundamental, ya que permite a los estudiantes interpretar de manera reflexiva los discursos sociales y los acontecimientos históricos, evitando la aceptación pasiva de la información. La aceptación pasiva en este modo no equivale a ninguna negación en la práctica; si un no y ésta existen entonces estamos buscando algo más que historia. Quien a dos amos sirve con ninguno queda bien. Delimitar practicas y discursos se suponen como prioridad ante el desenvolvimiento o desarrollo del pensamiento crítico historiográfico. Al respecto Linda Manzanilla (1995) ha escrito un libro útil en referencia a una visión de lo que científicamente es la arqueología comprendida como una ciencia histórica. En tal modo, los procesos educativos relacionados con los tiempos de madurez en cada alumno representan una cohorte heurística (de haberlo) reciente pues data del siglo XX en lo referente a la secularización educativa con base en la Escuela Activa. A veces es complicado diferenciar o distinguir en una imagen aglutinante dónde comienza una y otra en modo complementario y significativo. En realidad, la tesis aquí defendida se sustenta en el hecho de que, al no haber para un aspirante a posgrado otra historia mas que la oficial, la historia cotidiana se debilita a diario en virtud de quien no le práctica. Hay que decidir entre el modo y los modos de escribir historia porque hay circuitos o elipses que son más provechosas que otras. El binomio historia-arqueología no ha logrado al parecer superar una representación o prejuicio basado en esta idea: es necesaria la criba de las matemáticas para ser lo uno u lo otro profesionalmente en aras a eficiente la calidad educativa, de los programas públicos alusivos y empresarial en general. ¿Significa que es condición sin la cual no se es socialmente inteligente? Es posible. La medición de un grupo de control o la observación de recurrencias es lo que a la postre habilita al documentalista para ser un relator competente entre prácticas, aunque ello no oficializa nada. Quizás sucede como la película educativa fuera el horario nominal; significativa en una ramificación o vertiente conjuntiva, aunque sin identidad institucional. Probablemente sea la escuela el único lugar donde durante la pasada centuria se le ejerció con la dignidad literaria debida en el horizonte occidental correspondiente y tal vez sea un lugar digno que ahí le aguarda.

Es sabido que nadie puede estar arriba de tal acepción de acuerdo al marco legal vigente a la par que el educativo. Esto tiene una razón de ser simple: la competencia internacional. De acuerdo con la UNESCO[2] la educación para la paz y democracia encuentra un soporte en el fomento o promoción de una historia incluyente la cual beneficie al mayor numero posible de interesados. Al interactuar o comunicarse entre seres humanos, la historia adquiere una dimensión inusitada como aquella coludida con la existencia o algunos cuestionamientos filosóficos que superan lo meramente educativo de cara a un mejor bienestar en general. A veces lo complicado es llegar a otros quienes en situación de exclusión o marginación no les es posible participar de los procesos de enseñanza y aprendizaje sino a nivel virtual o definitivamente en modo taller, es decir, itinerante como una especie de juglaría de la historia si es que cabe hacer la cita a la literatura expuesta por Juan José Arreola (1990). Es una palabra aguda porque se espera que el alumno alguna vez logre recitar en voz alta aquello que una vez fue ideología o tentativas casi cómicas de emular al profesor. Las ocurrencias y peripecias al respecto aún se encuentran disipadas por la bruma del conocimiento y necesitan volver al espejo que alguna vez le miró como posible complemento. En consecuencia, profesar la catedra e inscribirse son una misma cosa porque al narrar se es objeto y sujeto histórico quizás por ello hay tantos estilos expositivos como consensos controvertidos a nivel materialista. El libro es una herramienta para el conocimiento; memorable monumento para estratos sin pupilos, aunque con un hambre de memoria que rebasa sus fallos y malos momentos. Al respecto la estratigrafía a nivel educativo comprende el nivel universal; nivel internacional; republicano y estatal sucesivamente hasta lograr un dato educativo especifico. Esta retícula o modo de observar el fenómeno ha prevalecido desde el siglo XVIII cuando el estamento de las ciencias sociales entro en vigencia como ciencias especialidad. Ahora es posible referir lo mismo a nivel educativo. No obstante, a ello, la pregunta permanece y ha mutado un poco si es que aun se desconoce como es que un conjunto o cumulo de información ha logrado ubicarse en un punto liminal con respecto a la historia. Si todos lo conocemos o sabemos entonces ¿por qué no todos podemos validarla como tal? A veces se diría que es debido a que los docentes ejercen un poder simbólico; quizás haya una fuerza progresiva que adquiere consistencia en forma oral o escrita; es posible adjuntar que porque sin ser visible del todo evoca teoría y convoca a la diatriba. Todos estos han sido procesos que hacen posible la formación histórica de una memoria a plazos como son el análisis, la síntesis, la interpretación y la reflexión. Ahora quizás sea posible decir la programación que no es otra cosa que construir un sedimento previo a la activación gramatical especializada antes de hacer o lograr un significado. Construirlo tal vez de acuerdo con Miguel León-Portilla (1990).

 

En esta investigación los procesos educativos se adjuntan de modo intelectivo oculto, es decir, dentro del texto y no como unidades de estudio independientes del relato. Esto parece en algún modo (critico tal vez) sugerir una antigua “usanza” proveniente de los alquimistas europeos. La gramática formativa y su literatura aun científica provendrían de ello, con la diferencia de que los europeos todavía tienen secretos que confiar a sus estimables. El lector podrá jugar un poco con las ideas y palabras e imaginar que la historia alterna el lugar con el análisis; la síntesis con la antropología y la interpretación con una visión positiva de la sociedad ahora convertida en Historia donde antes solía haber historiografía de la educación. Una experiencia individual ha permitido a quien suscribe hacer ese cambio de capital (Bourdieu: 1980) o tesoro, se espera, con un remanente favorable para el lector en busca de que su excedente sirva para construir imágenes, contextos de descubrimiento histórica o simplemente una mejoría en las relaciones humanas de acuerdo con las competencias promovidas por el Programa de Educación Básica de la asignatura vigente basado en la comprensión; manejo y formación de los significados y actores de la historia. Actuamos nuestras propias narraciones cada vez que nos incluimos en ellas como algún otro para un conocimiento que hemos conocido en algún modo. ¿Cuál rol o papel educativo es pertinente para representar un contenido histórico en su modo expositivo regulado? He aquí algunos a reserva de profundizar o ampliar la información calificada al respecto:

El análisis de la información se ejerce cada vez que se descompone en sus partes un tópico o fuente histórica y luego, se conjunta o reunifica superando su contenido o apariencia anterior.

La síntesis es la convergencia de cosas y valores que constituyen una fuente en su versión metafórica o mínima a nivel formal.

La interpretación supone dominar la hermenéutica. Esto es, identificar párrafos constructivos de acuerdo con un modelo o interés personal basados en una estructura o gramática sea universal o especifica como la anhelada que suponen estos científicos educativos; después, establecer límites textuales y con ello, significativos; luego, corresponder dialógicamente hasta lograr una cuestión o punto de inflexión del problema.

La reflexión es un pensamiento que opera en modo cóncavo/convexo según el tema o tópico de interés. Es tópico aquello invisible que alguna vez fue historia como prolonga Fustel de Coulanges (1990) con respecto a la Ciudad histórica. Vemos lo que nos interesa a nivel historicidad dentro de los planteles educativos, no la historia por sí misma.

Estos modos de aprender humanizan al alumno cada vez que es consciente de que puede criticarse como lector y autor; de la experiencia primordial hasta la escritura de una obra. En continuación con la obra de Vygotsky (1990) la construcción del conocimiento ahora tiene que pasar una fase o periodo de virtualización de conocimiento (exploración de facto o con tiempo variable) antes de planificar los aconteceres de un proyecto.

Hay un paisaje que significó alguna vez un relieve. Uno se llama Historia y la otra historicidad educativa. En la lámina número 14 correspondiente al Códice Borgia se exponen los Nueve Señores de la Noche. Con base a ese documento y a una cronología de los señoríos mexicas, se promueve la estrategia de las veinticuatro fuentes o la manufactura de un códice. En el documento presente se anexa un modo de evaluar la estrategia desde el punto de vista exclusivamente documental. Básicamente la actividad por hacer consiste en elaborar un cuadro con un antes y después comprendidos como marcadores textuales; en el mismo modo, similitudes y diferencias entre imágenes. En una actividad escolar después de conocer el cómo de la descripción de objetos históricos además de la elaboración de fichas para registro oficial en modo simulado (el agente histórico original fue robado de la secundaria 123) los alumnos elaboran el cuadro previo a una descripción de los señores y su paso por la casa de Venus para recobrar su apariencia de dioses mexicas. Los marcadores sintácticos funcionarían como una especie de taxonomía de acuerdo con el doctor Bodo Spranz (1990). Los alumnos recuperan la noción de tiempo histórico adjunto a un hecho mítico en modo constructivo y encuentran así el componente cronológico en ello porque las cuatro estaciones poseen un ciclo independiente del todo y aun así constituyen una casa; la de la naturaleza de los señores que alguna vez anhelaron ser dioses nuevamente y habitar en Teotihuacan. Una vez que el alumno recuerda el camino empíricamente o le identifica en una ruta turística hacia el lugar donde los dioses en posición horizontal diversifican el cosmos, estratifican su parecer en virtud de quien practica un oficio el cual es arbitrar apariencias y realidades. Al denotar un limite cronológico y actitudinal el señorío significaría una fase transitiva o pasajera en el culto a un dios rector y con ese referente se prolonga hacia una ciudad y estructura económica alusiva a sus ideas, creencias, mitos y ritos en relación a ese dios de modo que la acumulación de granos solía ser una actividad relativa a una transformación de tal señor o semi dios en cierto transito de Venus como podría suceder en la regencia de Tláloc. Para relativizar lo anterior sucedía el computo en un calendario paralelo y sus respectivas adecuaciones entre los cinco días malos, etc. La regulación prolongada y sostenida podría traer beneficios a los alumnos como descuentos en supermercados; acceso a espacios culturales así como la visita de un encuadernador o tlacuilo al plantel durante los honores a la bandera , entre otras estrategias y tácticas para el fortalecimiento del aprendizaje de la historia.

Los alumnos comienzan a comprender a su vez que la democracia educativa no es una teocracia y que, a menos de interpretar políticamente el dato, la información histórica no es más que una entretenida monada episódica, aunque no necesariamente conocimiento científico. Aquí es de suponerse o esperarse que alguien haga una pregunta relacionada con matemáticas o geometría aplicada y es necesario disponer de una estrategia transversal. Hace falta aún investigación educativa de lo que sucede con este modo de aprender historia más allá de trescientos metros a la redonda. En todo hecho educativo encontramos historiografía en algún modo, idea que tiene que superarse y convertirse, si el tiempo le dispone, en un postulado científico educativo donde sea posible aun preguntarnos hasta donde la ciencia misma tiene que permanecer como una abstracción sin público ni convergencias.


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